Yo despertaba en las mañanas,
sintiéndome tan mal.
Vivía enfermo de insomnio y se lo conté a papá.
Él dijo: " Tengo algunas cosas que te harán bien".
Las puso en mi pared.
Y ahora no paso las noches tan solo,
es mas, ya no me siento mal.
Las fotos de Lily, me hicieron vivir feliz.
Las fotos de Lily, me ayudaron a dormir.
Las fotos de Lily borraron mis problemas.
Las fotos de Lily me hacían soñar.
Las fotos de Lily, Lily oh, Lily.
De pronto un día no me fue tan bien.
Me enamore de Lily.
Le pregunte a mi padre ¿a donde esta?
Y él dijo: "Hijo ya no delires".
Se murió hace mucho tiempo atrás.
Yo me largué a llorar,
si al menos la pudiera conocer,
ya no estaría mal.
Las fotos de Lily me hicieron vivir feliz.
Las fotos de Lily, me hacían soñar
y cuando sueño estamos juntos ella y yo.
Por eso ahora me pregunto si alguien vio...
Las fotos de Lily.
Mostrando entradas con la etiqueta puede servir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta puede servir. Mostrar todas las entradas
lunes, 18 de agosto de 2008
domingo, 25 de mayo de 2008
SEIS MINUTOS AL AZAR
.La noche ya está en todo el cielo. Él entra con la velocidad con que entran las culebras a sus cuevas. Cierra la puerta y en el mismo movimiento enciende la luz. Ella arroja ropa desde su ropero hacia la valija que, como un pozo sin fondo, está abierta en medio de su cama. Él se quita la corbata y lo hace volar sin detenerse a averiguar donde caerá; entra a la pequeña cocina, alcanza a iluminarse con la luz de la heladera y toma una botella; cierra, la luz se apaga, y con la botella en la mano camina hacia la ventana.
Ella hizo tronar el cierre de la valija; dos mangas y un cordón se resistieron todo lo que pudieron. Levantó las llaves que estaban en la alfombra de lana y tierra y caminó con pasos largos hasta la puerta. Él se paró frente a la ventana. Las luces del cartel de neón del viejo edificio de enfrente le iluminaron la cara: azul, amarillo, rojo, azul y rojo otra vez. Ella abrió la puerta y salió al pasillo. Cerró; se calzó la campera y con un manotazo liberó el cabello que había quedado preso entre la prenda y su espalda; estiró las piernas unas seis veces y pulsó el botón del ascensor.
Él, otro él, está acostado mirando el techo. Un calor que transforma las sábanas en pegamento. Por qué le habré dicho que estaba bien, hacia casi un año que no la veía y cuando me preguntó cómo andaba, yo le dije: bien. Si ella supiera que mi vida fue una basura desde que la vi por última vez. Si supiera que estuve pensando en ella más de lo que debe pensar ella en sí misma. Bien, le dije. Pensé en terminar con todo más de una vez, pensé en terminar con todo para dejar de sentir que me faltaba; y hoy, nos cruza el destino y yo le digo bien. Maldita sea... todo. Bien... eso le dije. No hubo mucho tiempo de más.
Giró en la cama como giran las focas en la arena. Parece un camalote llevado por el río. Sudor y sábanas pegajosas. La luz, sólo la que se cuela a través de su persiana desde los pares que inundan la avenida.
Ella, otra ella, espera el tren. Se mira las manos. Este anillo está bien. Mis piernas. Las vías brillan de vacías. Un hombre cruza por el puente, a las cinco de la tarde no hubiera existido más que para sí mismo, ahora retumba toda su presencia cada vez que sus suelas se apoyan bruscas sobre los planchones de chapa. ¿De dónde vendrá? Que poca imaginación tengo. Mañana debo ir a la peluquería sin falta. ¿Y el tren?
Él, otro él, acaba de terminar su copa en una de las mesas del fondo de Restaurant Renoir. Día duro. Un cigarrillo. Un café. Una torpeza. Bah, qué lo laven. Igual lo tenían que cambiar. Ya estaba sucio. ¿Qué tendré que hacer para que Pereyra deje de pensar que soy un imbécil?
Ella, otra ella, duerme. Duerme plácidamente. Mañana a las siete: fue lo último que pensó en estado consciente antes de entrar en la profundidad del sueño. La estela fina de un humo claro se eleva desde un espiral estratégicamente colocado en uno de los rincones de la habitación. Un vaso de agua cerca, por las dudas, a la madrugada, para la sed.
Él, esta frente al espejo del botiquín del baño tratando de reconocerse. Ella cierra la puerta del ascensor. Él, otro él, expulsa las sábanas de dos o tres patadas. Ella, otra ella, se pone de pié y detiene la mirada donde las paralelas de acero pegan la curva. Él, otro él, apaga el cigarrillo contra el escudo del Restaurant Renoir dibujado en el centro del cenicero. Ella, otra ella, duerme; duerme con la laxitud propia del humo de un espiral.
Historias de seis minutos. Historias que ningún escritor sensato se atrevería a rescatar para sentirse orgulloso. Historias que jamás se cruzaron ni se cruzaran y que son hijas bastardas del recuerdo. Momentos que no sirven para nada, pero que en su esencia maldita se sacrifican para que otros se jacten de inolvidables, de ávidos de ser leídos, de gustosos de ser contados o de dignos de ser escritos.
Por José M. Pascua
domingo, 18 de noviembre de 2007
Ice.creAm
no como helados, no sé comer helados,
estaba esperando a la niña que me atendió,
y tú atendías a los niños que estaban al lado mio.
y eras tú!, eran tus ojos!
una mezcla entre sueño y maldita obligacion por ser proactivo.
te miré tanto, y hace tanto que no sentía que existias.
casi que él me dice que miras?
pero no importaba él, eras tú!
y fue como una señal premonitoria
de que te encontraré un día cualquiera,
y no importa si yo ya no soy yo o si tu ya no eres tú.
sé reconocer tus ojos, tú forma de mirar.
conoces este mundo de la misma forma que yo
no puedes evitarlo.
y aunque no importa si creemos en el destino o las vacas que vuelan.
ayer volví a creer que algún día pasará.
un día no sé como ni por que
me venderas helados a mi
estaba esperando a la niña que me atendió,
y tú atendías a los niños que estaban al lado mio.
y eras tú!, eran tus ojos!
una mezcla entre sueño y maldita obligacion por ser proactivo.
te miré tanto, y hace tanto que no sentía que existias.
casi que él me dice que miras?
pero no importaba él, eras tú!
y fue como una señal premonitoria
de que te encontraré un día cualquiera,
y no importa si yo ya no soy yo o si tu ya no eres tú.
sé reconocer tus ojos, tú forma de mirar.
conoces este mundo de la misma forma que yo
no puedes evitarlo.
y aunque no importa si creemos en el destino o las vacas que vuelan.
ayer volví a creer que algún día pasará.
un día no sé como ni por que
me venderas helados a mi
viernes, 7 de septiembre de 2007
horoscopo
Deja que el día de hoy funcione como recordatorio de la importancia del amor, vitta. No pienses que el amor es tan sólo un bien por el que debes luchar y conquistar con trucos conspirativos y tácticas de seducción estratégica. Debes darte cuenta de que el amor se evidencia en tu modo de ver el mundo. El amor es una semilla dentro de ti. Cuanto más veas amor en quienes te rodean, aun en el corazón de ese extraño por la calle, más recibirás la bendición de su radiante luz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
